| Oh, Cassandra. Cómo te echo de menos... |
Mirando hacia atrás, todo lo que veo ahora en mi vida son RPG. Empecé de pequeño con Pokémon, que me introdujo a las bondades del JRPG, la exploración y los encuentros por niveles. Luego me desarrollé con videojuegos para ordenador de estrategia como Spellforce 2 o el indómito Gothic 2, que me hizo sentir libre por primera vez en un mundo occidental. Era duro de pelotas, pero me hacía sentir libre.
Le debo esa parte de mi infancia a la revista Micromanía y a una tienda de alquiler de videojuegos de cuando era pequeño en mi ciudad. Las horas pasadas delante del ordenador, de las consolas como la Game Boy blanco y negro, la Advance, la Nintendon DS e incluso la Play Station 2.
Soy orgulloso hijo de mi tiempo, de las pantallas, siempre a medio caballo entre la generación que no conocía internet y la que convive plenamente con ella. A veces me siento deslocalizado, fuera de lugar, como si no encaja realmente con la sociedad en la que vivo en la que todo proceso va hacia la estandarización humana. En la que si no te gusta algo que le gusta a "todo el mundo", eres un paria y te mereces ser desplazado de la vida real o de las redes sociales. Pero a la vez soy adicto a ellas.
Estas son más las reflexiones de una mente que siempre ha tenido la tendencia a escapar hacia mundos ficticios para conocer otra forma de felicidad. Lo reconozco: me encantan los mundos bien hechos, el lore, la fantasía, las mecánicas que me retan y las experiencias que simplemente me sueltan a un mundo y me dicen "aprende" o "disfruta"; pero a la vez "sufre". Los secretos inesperados en una mazmorra, una interacción con un NPC que te da una recompensa que escapa de toda lógica. De lo complejo, de Planescape y Disco Elysium. Soy un enamorado de las narrativas.
Tal es mi amor por este tipo de experiencias, en el formato de un videojuego, que he tenido que empezar este blog en busca del alma de los RPG. RPG con alma es a la vez un tributo y una búsqueda. Un tributo hacia mi amor por el género de los RPG y su libertad para mi conciencia, pero también una búsqueda por saber qué es lo que me atrae tanto de ellos y que no veo en otros géneros jugables.
¿Es la progresión, los enemigos, la experiencia, la creación de personajes, los mundos? ¿Es acaso una poción de invisibilidad, una planta recogida en el fondo de una cueva, una misión que salió mal y me obligó a cargar una partida guardada? En definitiva: ¿qué cojones hace el alma de un RPG?
Gracias. Gracias por acompañarme y ayudarme, en la sección de comentarios. Es una búsqueda conjunta, así que puedes sugerir todo tipo de experiencias en formato CRPG, WRPG, JRPG o cualquier cosa que termine en RPG. Juntos vamos, poco a poco, a llenar el blog de artículos, ensayos y todo tipo de material para intentar resolver la incógnita de por qué esto me gusta tanto. Tarde lo que tarde, pero quisiera que lo hagamos juntos.
Abrazo,
Juan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario